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El derecho se ejerce con palabras. Algunas reflexiones antes de un libro.

Hay una pregunta que me acompaña desde hace años y que, con el tiempo, he dejado de considerar retórica: ¿por qué pierde un caso quien tiene la razón?

No me refiero a los errores procesales, ni a la prueba mal practicada, ni a los plazos incumplidos. Me refiero a algo más difícil de señalar. A esos casos en que el derecho aplicable favorece claramente a una parte, los hechos están acreditados, y aun así algo falla. La resolución llega y uno tiene la siempre desagradable sensación de que el tribunal no llegó a ver lo que había que ver. O de que lo vio, pero no del modo en que debía.

Durante mucho tiempo atribuí esa sensación a la arbitrariedad, o a la suerte, o a factores que estaban fuera del control del abogado. Con el tiempo he llegado a pensar que eso es, en buena medida, una coartada como otra cualquiera.

Los casos no se ganan solo con argumentos. Se ganan con relatos.

Esa afirmación necesita matiz, porque mal entendida suena a cinismo o a una invitación a manipular. No se trata de eso. Es una descripción de cómo funciona el entendimiento humano, incluido el de los jueces. Los seres humanos no procesamos la realidad como bases de datos que reciben inputs y generan outputs lógicos. La procesamos narrativamente: buscamos coherencia, identificamos protagonistas y antagonistas, necesitamos que las cosas tengan sentido como historia antes de poder evaluarlas como argumentos.

Esto no es una hipótesis nueva. Está en Aristóteles, que distinguía el logos del ethos y el pathos sin jerarquizarlos, reconociendo que los tres son instrumentos legítimos de persuasión. Está en la psicología cognitiva contemporánea, que lleva décadas documentando cómo los jurados (y los jueces, aunque les incomode reconocerlo) construyen un relato del caso antes de aplicar el derecho, y luego ajustan la interpretación jurídica a ese relato previo. Y está, de forma más discreta, en la experiencia acumulada de cualquier abogado que haya pasado suficiente tiempo en salas de vistas.

Lo que sorprende es que la formación jurídica ignore sistemáticamente esta dimensión. Enseñamos a los estudiantes a subsumir hechos en normas, a construir silogismos, a citar jurisprudencia. No les enseñamos a contar. No les enseñamos que la primera frase de un escrito de demanda es una decisión narrativa antes que jurídica. No les enseñamos que la credibilidad del abogado ante el tribunal es un activo que se construye a lo largo del tiempo y que puede dilapidarse en un solo acto de descuido o deshonestidad.

Entiendo de todas formas el porqué de esta carencia: intentamos huir del tópico social del abogado como mero cantamañanas o melifluo contador de cuentos. Pero creo que podemos poner en valor las virtudes e incluso la necesidad de la retórica y la narrativa en nuestro oficio, sin que eso se confunda con poner en peligro el rigor. Otras tradiciones procesales más basadas en la oralidad, e incluso si se quiere en la teatralidad, como la norteamericana, llevan décadas estudiando este fenómeno, sus consecuencias y las técnicas aplicables, sin complejo alguno. A nosotros, aún herederos del espíritu del positivismo y la codificación, parece que nos cuesta.

Llevo años pensando en esto, escribiendo sobre ello de forma fragmentaria en este blog y en otros espacios. Ha llegado el momento de darle forma completa.

Cómo se gana un caso: relato, credibilidad y estrategia se publicará próximamente con Aranzadi LA LEY. Es un libro sobre retórica jurídica en el sentido más riguroso y más práctico del término: qué es la persuasión en el contexto del derecho, cómo se construye un relato jurídico que funcione, qué hace que un abogado sea creíble, y cómo todo eso se convierte en herramientas concretas para el trabajo diario.

El prólogo lo escribe Adolfo Díaz Bautista, Profesor Titular de Derecho Romano de la Universidad de Murcia. Que un libro sobre retórica jurídica abra con la perspectiva de quien estudia cómo los romanos construyeron el derecho, también a través del lenguaje, no es un adorno. Es parte del argumento.

Habrá más entregas antes de que el libro llegue a las librerías. Esta es la primera.

Víctor Martínez López (Murcia, 1973) es un abogado vinculado a las industrias creativas y los entornos digitales con décadas de experiencia en comunicación.

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