Hay frases que pasan desapercibidas en un contrato. Están escritas en lenguaje técnico, a veces en letra pequeña, y casi siempre bajo el supuesto de que “esto es lo estándar”. Pero detrás de una de esas líneas inofensivas puede esconderse una cláusula que, si no se detecta a tiempo, puede tener consecuencias jurídicas y económicas muy serias.
Como abogado, he visto casos en los que una única cláusula mal entendida o no negociada ha llevado a un autónomo a perder un cliente clave, a una familia a asumir gastos inesperados o a una pyme a enfrentarse a un litigio largo y costoso. Hoy quiero hablarte precisamente de eso: de la importancia de leer, entender y, si es necesario, negociar esas líneas que parecen de trámite… pero no lo son.
El caso de Marta: una cláusula de exclusividad encubierta
Marta, diseñadora freelance, firmó un contrato con una gran agencia para colaborar en una campaña publicitaria. Todo parecía claro: duración, entregables, tarifas. Pero en la cláusula 12 del contrato, bajo el título “Colaboración y Confidencialidad”, se incluía una frase que decía:
“Durante la vigencia de este contrato y hasta seis meses después de su finalización, la profesional se compromete a no prestar servicios de carácter similar a empresas del mismo sector.”
A primera vista, parecía una medida lógica de protección de la empresa. Pero en la práctica, implicaba que Marta no podía trabajar para ninguna otra agencia del mismo ramo durante ocho meses. En plena campaña, recibió una oferta de una empresa importante… y no pudo aceptarla sin incurrir en un posible incumplimiento contractual.
¿Era legal esa cláusula? ¿Era abusiva? ¿Podía haberse negociado? La respuesta a estas preguntas no es siempre sencilla, pero lo que está claro es que su impacto fue real y costoso.
Lo que dice la ley sobre las cláusulas “trampa”
En el Derecho español, las cláusulas contractuales deben regirse por la buena fe, la transparencia y el equilibrio entre las partes. Existen límites, especialmente en contratos de adhesión (como los bancarios, de seguros o suministros) y en relaciones laborales o con consumidores. Algunas claves:
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Una cláusula puede ser legal pero injusta, si rompe el equilibrio entre las partes.
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Puede ser nula si es considerada abusiva (como algunas cláusulas suelo en contratos hipotecarios).
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Puede ser ineficaz si no fue debidamente informada o aceptada de forma consciente.
El Tribunal Supremo ha insistido en la necesidad de una información clara y comprensible en los contratos, especialmente cuando existe asimetría entre las partes.
Cómo detectar (y evitar) estas cláusulas
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Lee con calma y sin asumir que “todo es estándar”. Lo estándar no siempre es lo justo.
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Pide explicaciones si hay algo que no entiendes. No es una señal de desconfianza, sino de profesionalidad.
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Consulta a un abogado antes de firmar. Un buen contrato empieza antes de la firma.
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Negocia. Muchas cláusulas no son inamovibles. La negociación también es una herramienta jurídica.
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Valora el coste de oportunidad: aceptar una cláusula limitante hoy puede cerrarte puertas mañana.
Una reflexión desde la comunicación
Como profesional con experiencia en redacción publicitaria y marketing, puedo decirte algo que quizá no esperas: muchas cláusulas están escritas como si fueran piezas de copywriting. Persuaden, suavizan, enmascaran. Por eso la mezcla de comunicación y derecho no es una rareza: es una necesidad. Saber leer entre líneas, detectar lo que no se dice, y anticipar las consecuencias, es parte del trabajo jurídico… y también del comunicador que entiende cómo se construyen los discursos.
Conclusión
Firmar un contrato no es un acto mecánico, es un acto de responsabilidad. Leerlo con atención, entenderlo y, si hace falta, pedir ayuda profesional, puede evitarte disgustos, pérdidas económicas y conflictos legales.
Porque a veces, lo que parece una simple línea… puede ser una trampa costosa.
