Tienes un perfil de Instagram. Subes fotos de tu producto, recibes mensajes privados, cobras por Bizum o por PayPal, y los pedidos llegan. El negocio funciona. Todo bien.

Hasta que no funciona.
Porque tarde o temprano llega la reclamación de un cliente insatisfecho, la denuncia de un competidor, el requerimiento de la AEPD, o simplemente la pregunta incómoda: ¿dónde están tus condiciones de venta?
Y ahí es cuando descubres que vender en Instagram sin los textos legales adecuados no es una «zona gris». Es un incumplimiento legal con consecuencias muy reales.
El error de pensar que Instagram es diferente
Mucha gente cree que Instagram es una red social, no una tienda. Y que, por tanto, las reglas del comercio electrónico no se aplican. Error.
La ley española (y europea) no distingue entre si vendes desde una web propia, desde una tienda de Shopify o desde el DM de Instagram. Lo que cuenta es si estás realizando una actividad comercial dirigida a consumidores a través de Internet. Y si es así, estás sujeto a la misma normativa que cualquier eCommerce.
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